16/6/08

Angela Merkel, Alemania es líder mundial en preocupación por el medio amiente y en exportación de tecnología eólica y solar

Tiene su relevancia porque Alemania es la primera potencia exportadora del mundo y uno de los líderes industriales y tecnológicos, y que hace 30 años tenía el clima más degradado de Europa. Pero la canciller federal no sólo lleva una vida austera y se retira a cultivar su jardín en el campo todos los fines de semana, sino que es de formación científica (Doctora en Física Cuántica), algunos de sus amigos también lo son y, entre todos, han hecho sus cuentas y convenido en que: el cambio climático cuesta mucho dinero y, en cambio, la renovación tecnológica y las energías renovables pueden ahorrar y son un negocio y un acicate innovador, como decían los verdes alemanes.

De hecho Alemania es líder mundial en exportación de tecnología eólica y solar; y la incipiente sintonía, entre democristianos y verdes, empieza a ser mayor que entre éstos y la moribunda socialdemocracia, tan inamovible y entregada a los más inmutables aún sindicatos. Cada vez más verdes y conservadores aventuran que, tras el experimento en alguna capital como Colonia o Kassel, y en el propio estado de Hamburgo, una coalición federal ya no es una contradicción. Aunque, como se ha visto en su tira y afloja con Sarkozy sobre la cuota de CO2 para automóviles, Merkel sigue estando contra la poderosa pared de su gran industria nacional.

Ello no obsta para que su gobierno acabe de lanzar un ambicioso plan para convertir al país de las máquinas en el más eficiente del mundo en consumo de energía, «el esquema de medidas más amplio y completo en el mundo actual para reducir el efecto invernadero», pero más allá del estado la canciller pide y promueve la responsabilidad individual entre ciudadanos y empresas, «para hacer el máximo en la capacidad de cada cual» para proteger el medio y ahorrar energía.

La nueva paladín del cambio climático quiso aprobar su avanzado paquete de medidas climáticas la víspera de la cumbre del G-8 en Japón para dar ejemplo. No en vano, el mayor premio del ramo fue recientemente concedido al asesor de Merkel y director del Instituto de Investigaciones sobre el Impacto Climático, Hans Joachim Schellnhuber. El XV Premio de la Fundación para el Medio Ambiente reconoce su influencia en la conformación del discurso público en materia ambiental.

Pero frente a un plan que reducirá para 2020 las emisiones de CO2 en un 40% de los niveles de 1990, la duplicación del uso de la electricidad verde, la reutilización más racional del superavit de agua caliente de las centrales y una nueva competitividad -además de competencia- energética, con menos acento y subvenciones en la energía solar.

En la reciente Conferencia Global sobre Biodiversidad en Bonn, la canciller fue acogida por los portavoces de Greenpeace, Martin Kaiser, y de WWF, Jörg Koos, con un entusiasmo extraño para un líder conservador, que aboga además por dar una nueva oportunidad a la energía nuclear, pero que interviene ante la UE para pedir que «Europa se adapte a un desafío y un medio globalizado totalmente nuevo».

Exigiendo que el mismo esfuerzo que al clima sea dedicado a la conservación de la biodiversidad, Merkel llegó a Bonn a rescatar la alicaída conferencia y prometió 500 millones anuales -de 2009 a 2012- y liberar otros 500 anuales a partir de esa fecha para proteger bosques y hábitats naturales. «El fin de la biodiversidad es una amenaza real para la vida en el planeta», dijo, y recibió el compungido aplauso de Nature Conservancy y del Fondo para la Protección de la Naturaleza de Alemania: «Sólo ella puede convencer hoy al resto de políticos del mundo», dice Koos.
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