Felicidades por su gran éxito y disculpe que no hagamos fiesta: nos coge en plena crisis. ¿Puede un ingeniero hacer algo por nosotros en estos momentos?
-Primero le diré que me llena de satisfacción la elección. Me eligieron en Nueva Delhi y no tenía muy integrado asumir esa responsabilidad global, pero una vez que el Instituto de Ingeniería Español, como miembro de la federación mundial, tomó la decisión de presentar la candidatura, pues me dije «María Jesús, vamos allá». De modo que presenté mis ideas y cuál debería ser el papel de la ingeniería en la construcción de una sociedad en crisis, que, salvo nuestro Gobierno, ya se palpaba en el mundo desde hace tiempo. Mire, la ingeniería es determinante para transformar el progreso tecnológico y científico en progreso social. Queremos seguir siendo la profesión por excelencia que hace bien cosas útiles transformando el medio físico en beneficio del ser humano y de su calidad de vida y convirtiendo conocimiento y experiencia en producto interior bruto.
-Venció al candidato norteamericano y se llevó de calle a los chinos, que no son fáciles. ¿Qué diferencia a un ingeniero de Madrid de uno de Pekín?
-Se parecen en su formación y en la lógica de su aproximación a los problemas. A los dos les falta un conocimiento geopolítico más profundo del lugar donde aplicar la tecnología. Los diferencia el análisis que hacen de las consecuencias de sus obras. Con la tragedia de la presa de Las Tres Gargantas se echó de menos voces críticas de la ingeniería, pero, al menos, los que están con nosotros nos piden ayuda para que eso cambie. Errores tremendos como los desastres de Bhopal, el Challenger o Chernobyl no fueron fallos humanos sino restricciones comerciales, al presupuesto..., que al final primaron.
-Habla de geopolítica y en ocasiones, bajo ese parámetro, tecnología, como la nuclear, se usa como excusa o provocación para una guerra.
-La tecnología nunca es el resorte para empezar una guerra ni tensionar, sino una herramienta magnífica que amplifica las estupideces humanas. Detrás de la tecnología, como detrás de la corrupción y la enorme falta de ética del mundo financiero, hay siempre una decisión que se toma. La tecnología tiene una potencialidad maravillosa para mejorar el mundo porque los ingenieros somos geniales ¡de verdad!. La ingeniería, que lo puede casi todo, halla su esencia en los procesos impregnados de ética y responsabilidad social.
-Pretende que la ingeniería tenga un papel en la ONU, ¿cuál?
-De asesor cualificado. Que ante el cambio climático, problemas energéticos, de demografía, hambrunas, falta de agua potable... se pregunte, casi antes que a los gobiernos, a la sociedad civil, y en este caso a los que saben de ello, los ingenieros. Ahora que la crisis propicia políticas de inversión pública deberían consultarnos para que el dinero se gaste en desarrollo sostenible.
-Si levanto la cabeza y pregunto por el nombre de un ingeniero, silencio; pero si lo hago por el de un arquitecto...
-Y ahí está Da Vinci, por ejemplo. Hay muchas razones para esto. En el caso de España, la ingeniería ha preferido vivir en su mundo. Han pecado de falta de visibilidad y, le digo más, no la quieren, y es un gran error si queremos que se nos tenga en cuenta. Hay que hacer que la sociedad perciba de forma más clara que la sostenibilidad de nuestro modelo de desarrollo debe sustentarse en un uso inteligente de ciencia y tecnología.
-Comprendo que fuera «Heroína 2002».
-Soy una luchadora. No me sirve un no. Creo en hechos y voy a ello.
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